SOLO PARA PAPIS...
El juego, una forma de aprender. Los niños aprenden jugando. Jugar es crucial para su desarrollo. El juego es literalmente, el trabajo del niño.
A veces los padres subestiman el valor del juego. No se dan cuenta de que es más fácil prevenir los problemas disciplinarios, que corregirlos una vez que empezaron. Una de las mejores medidas preventivas para aplicar con los deambuladores y preescolares es divertirse con ellos y mantenerlos ocupados. El juego es también crucial para el desarrollo de una relación positiva entre padres e hijos.
En otras palabras, casi todo lo que aprenden los niños, lo aprenden del juego. Su curiosidad natural los lleva a aprender. Los padres pueden colaborar en este proceso permitiendo una libertad razonable proporcionando juguetes interesantes y apropiados, y jugando con sus hijos frecuentemente.
Los niños aprenden mediante el juego todo lo que necesitan saber para funcionar en este mundo. Pueden aprender mucho de una única actividad: si van a pescar, aprenden sobre los peces, las lombrices las ranas y las algas. Cuando se portan mal están probablemente tratando de aprender algo también. Es importante ofrecerles un ambiente donde puedan disfrutar y encontrar una nueva forma de darle sentido a su vida. Las protestas sin éxito al mundo adulto pueden materializarse en su propio mundo, creado y vivido a través del juego.
El juego es el factor dominante en la vida infantil; es el medio natural de expresión del niño. Constituye una forma de comunicación vinculada al desarrollo sensorio-motriz y emocional. El juguete es el instrumento que permite al niño el aprendizaje del mundo circundante, la comprensión de las nociones de espacio y causalidad, el reconocimiento de diferentes texturas y relaciones entre los objetos.
El juego también permite al niño distinguir su mundo interno del externo y ensayar variados roles -en especial los de “papá” y “mamá” -. Constituye un buen intento de establecer contactos sociales y adaptarse a la realidad.
El juego le otorga al niño la satisfacción de sentirse “grande” y vencer su inferioridad, al darle la oportunidad de componer algo que ha dañado (en sus fantasías fundamentalmente), elaborar sentimientos de tristeza, re-mordimiento y culpa por haber hecho algo malo. En el juego el pequeño entiende que es posible reparar la realidad externa.
Juego y trabajo
El mundo del juego es una anticipación del mundo de las ocupaciones serias. Prepara al niño para la vida del trabajo, porque implica un permanente entrenamiento involuntario. De la misma forma que el adulto se siente motivado por sus obras, el niño se siente satisfecho por sus aciertos lúdicos. Sólo cuando haya jugado plenamente despertará en él la conciencia del rendimiento y estará maduro para asumir actitudes genuinas de trabajo. Un niño que no quiere jugar es un niño cuya personalidad no se afirma: no se contenta con ser pequeño y débil.
En el juego infantil el niño utiliza todas sus fuerzas incipientes. Hasta avanzada la edad escolar no distingue entre juego y trabajo. El juego -que para el pequeño implica siempre una actitud seria- precede al trabajo pero se ejecuta fuera de él y lo prepara.
El juego es también una primera introducción a las formas sociales de la vida. La aparición de reglas y la necesidad de tener en cuenta a los compañeros de juego, le muestran al niño la existencia de prohibiciones y le obligan a tomar conciencia de los de-más.
Psic. Mabel Lusiardo. -------------------------------------------------------------------------------------
La autonomía
Es frecuente que desde el jardín las maestras insistamos mucho acerca de favorecer la autonomía de los niños… pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de autonomía?
Autonomía significa “facultad de gobernarse por sus propias leyes” y aunque parezca un poco apresurada esta afirmación para niños tan pequeños, no lo es. Cuando hacemos referencia a la autonomía de los niños y “sus propias leyes”, hablamos de iniciativa, de sentirse escuchados, de participar, de autoestima, independencia y autorregulación.
Pero a ser autónomos se aprende y como todo aprendizaje importante se da en las pequeñas actividades diarias: guardar juguetes, vestirse, ir al baño y comer solos, tomar en vaso, colaborar con las tareas de la casa (poner la mesa, ordenar, etc.) dormir en su propia cama.
Muchas veces a los adultos nos cuesta esperar a que los niños hagan uso de su autonomía, más cuando pensamos que hasta hace muy poco dependían completamente de nosotros. Sin embargo es importante ir acompañando el crecimiento de los niños esperando, no anticipando, las conductas más sencillas y cotidianas.
Los niños desean crecer y les encanta demostrar que pueden, pero para ello necesitan de un adulto que:
Lo incentive a que lo intente
Le dé la oportunidad de experimentar
Le permita equivocarse y fallar
Le brinde el tiempo que necesite
Algunos consejos podrían ser:
Ofrecerle al niño alternativas para que elija, que comience a tomar decisiones.
Reconocerle el esfuerzo cuando se enfrenta a dificultades
más que darle respuestas ayudarlo a pensar, preguntarle qué piensa él.
En definitiva, estimulando su autonomía favorecemos la seguridad en sí mismo, la aceptación de normas, el manejo de la frustración, la responsabilidad y un crecimiento pleno y con alegría.
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Período de iniciación...
¿Qué es?
Es un período en el que se da la construcción de una nueva relación entre los niños y sus padres con una Institución, y de la Institución con estas familias (Esparza)
Hace referencia al lapso más o menos prolongado, en el transcurso del cual el niño, los docentes y el grupo familiar, construyen y adquieren un sistema de códigos compartidos (Ruth Harf)
NIÑOS y PADRES
¿QUÉ LE PASA A CADA UNO DURANTE ESTE PERÍODO?
A LOS NIÑOS: El ingreso al Jardín, rompe en el niño el equilibrio más o menos estable que había logrado con su entorno, formado predominantemente por la casa y su familia. En el nuevo ámbito se encuentra con otros espacios y materiales, con otras personas que tienen con él nuevos códigos de comunicación, con otros rituales, con otros límites.
El niño siente temor al abandono en un lugar desconocido ya que pierde sus puntos de referencia. Vive un período de duelo; pierde la seguridad dada por la presencia de sus padres. Siente temor a la pérdida de la identidad al encontrarse en un grupo de pares donde todos tienen la misma edad, la misma vestimenta y ocupan el mismo lugar (deja de ser el hijo menor, o el mayor o el único)
A LA FAMILIA : Generalmente toda la familia suele estar ansiosa y expectante con el ingreso del niño al Jardín, pero la reacción de cada familia dependerá también de cual sea el hijo que trae. Si es el primer hijo, a la vez del entusiasmo y la emoción, se generarán más angustias y temores. Si ya tuvieron una experiencia anterior, la reacción dependerá de lo negativa o positiva que ésta haya sido. Pero deberán siempre tener presente que esta experiencia es única para este hijo y en este lugar.
Ocurre que cuando vienen a “adaptar” al segundo o tercer hijo, los padres se sienten experimentados, más seguros y dispuestos a dejarlos fácilmente, pero olvidan que ellos ya hicieron adaptación como padres pero ... este niño todavía no.
Considerando lo expuesto rescatamos la importancia de:
que los padres demuestren seguridad al ingresar a la institución.
que asimismo manifiesten confianza en la institución escogida y en el cuerpo docente.
que docentes y familia mantengan una comunicación fluida para mantenerse informados mutuamente sobre los procesos y vivencias del niño.
Destacamos la importancia de la intervención del grupo familiar ya que es esencial en este momento, actuar como apoyatura afectiva, indispensable para el gradual “desprendimiento” y pasaje de un contexto familiar a otro escolar. |