SOLO PARA PAPIS...

Período de Iniciación

El período de iniciación comienza en casa, cuando decidimos que nuestro hijo
comenzará el Jardín, es un proceso gradual, con avances y retrocesos.
Como papás necesitamos transmitirle seguridad y confianza, esto es, transmitirle que estamos seguros de que es el lugar adecuado para él, que confiamos en sus maestras y compartimos lo que el Jardín nos ofrece.

Debemos saber que dependiendo de cómo vivamos nosotros esta separación, incidirá en la reacción de nuestro hijo frente a su nueva experiencia.
Durante este período es frecuente que aparezcan en el niño conductas que antes no estaban, por ejemplo: llantos sin motivo, enojos, dificultades en el sueño, en la alimentación, conductas regresivas, entre otras. Sin embargo podemos decir que todo esto responde a algo, que es empezar el Jardín, lo cual es normal y frecuente.

Lo importante es que todos estemos convencidos de que el niño debe empezar el Jardín, si los papás dudamos o nos angustiamos, el niño lo percibirá y le será muy difícil permanecer y disfrutar allí.

Algunas sugerencias...


• Hablar de su nuevo Jardín, cómo se llama la maestra, que usará una túnica, que habrá otros amigos en el salón, que jugarán en el patio….
• Asegurarle que lo vendremos a buscar, por eso es importante no llegar tarde, eso genera mucha angustia ya que el niño siente miedo a ser olvidado o abandonado.
• Darle rutinas, son favorecedoras para poder predecir qué vendrá después y le dan seguridad al niño.
• No irnos a escondidas. Debemos despedirnos de él una vez que este listo y decirle que volveremos para irnos juntos.
• No amenazarlo que si llora la maestra lo rezongará, le será muy difícil confiar en ella y disfrutar del Jardín.

Sabemos que no hay una receta certera, pero sí debemos saber que la disponibilidad afectiva que brindemos será fundamental para que nuestro hijo se sienta escuchado y atendido por nosotros.
Es la etapa de socialización, donde el niño a través de su grupo va adquiriendo valores, normas, roles, conductas que la sociedad transmite y exige.
Buscamos niños que sean autónomos, colaboradores y solidarios!!

Licenciada María Inés Arrieta
(Psicóloga de nuestra Institución).

-------------------------------------------------------------------------------------------------------

El juego, una forma de aprender.

Los niños aprenden jugando. Jugar es crucial para su desarrollo. El juego es literalmente, el trabajo del niño.

A veces los padres subestiman el valor del juego. No se dan cuenta de que es más fácil prevenir los problemas disciplinarios, que corregirlos una vez que empezaron. Una de las mejores medidas preventivas para aplicar con los deambuladores y preescolares es divertirse con ellos y mantenerlos ocupados. El juego es también crucial para el desarrollo de una relación positiva entre padres e hijos.

En otras palabras, casi todo lo que aprenden los niños, lo aprenden del juego. Su curiosidad natural los lleva a aprender. Los padres pueden colaborar en este proceso permitiendo una libertad razonable proporcionando juguetes interesantes y apropiados, y jugando con sus hijos frecuentemente.

Los niños aprenden mediante el juego todo lo que necesitan saber para funcionar en este mundo. Pueden aprender mucho de una única actividad: si van a pescar, aprenden sobre los peces, las lombrices las ranas y las algas. Cuando se portan mal están probablemente tratando de aprender algo también. Es importante ofrecerles un ambiente donde puedan disfrutar y encontrar una nueva forma de darle sentido a su vida. Las protestas sin éxito al mundo adulto pueden materializarse en su propio mundo, creado y vivido a través del juego.

El juego es el factor dominante en la vida infantil; es el medio natural de expresión del niño. Constituye una forma de comunicación vinculada al desarrollo sensorio-motriz y emocional. El juguete es el instrumento que permite al niño el aprendizaje del mundo circundante, la comprensión de las nociones de espacio y causalidad, el reconocimiento de diferentes texturas y relaciones entre los objetos.

El juego también permite al niño distinguir su mundo interno del externo y ensayar variados roles -en especial los de “papá” y “mamá” -. Constituye un buen intento de establecer contactos sociales y adaptarse a la realidad.

El juego le otorga al niño la satisfacción de sentirse “grande” y vencer su inferioridad, al darle la oportunidad de componer algo que ha dañado (en sus fantasías fundamentalmente), elaborar sentimientos de tristeza, re-mordimiento y culpa por haber hecho algo malo. En el juego el pequeño entiende que es posible reparar la realidad externa.

Juego y trabajo

El mundo del juego es una anticipación del mundo de las ocupaciones serias. Prepara al niño para la vida del trabajo, porque implica un permanente entrenamiento involuntario. De la misma forma que el adulto se siente motivado por sus obras, el niño se siente satisfecho por sus aciertos lúdicos. Sólo cuando haya jugado plenamente despertará en él la conciencia del rendimiento y estará maduro para asumir actitudes genuinas de trabajo. Un niño que no quiere jugar es un niño cuya personalidad no se afirma: no se contenta con ser pequeño y débil.

En el juego infantil el niño utiliza todas sus fuerzas incipientes. Hasta avanzada la edad escolar no distingue entre juego y trabajo. El juego -que para el pequeño implica siempre una actitud seria- precede al trabajo pero se ejecuta fuera de él y lo prepara.

El juego es también una primera introducción a las formas sociales de la vida. La aparición de reglas y la necesidad de tener en cuenta a los compañeros de juego, le muestran al niño la existencia de prohibiciones y le obligan a tomar conciencia de los de-más.

Psic. Mabel Lusiardo.

-------------------------------------------------------------------------------------

La autonomía

Es frecuente que desde el jardín las maestras insistamos mucho acerca de favorecer la autonomía de los niños… pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de autonomía?

Autonomía significa “facultad de gobernarse por sus propias leyes” y aunque parezca un poco apresurada esta afirmación para niños tan pequeños, no lo es. Cuando hacemos referencia a la autonomía de los niños y “sus propias leyes”, hablamos de iniciativa, de sentirse escuchados, de participar, de autoestima, independencia y autorregulación.

Pero a ser autónomos se aprende y como todo aprendizaje importante se da en las pequeñas actividades diarias: guardar juguetes, vestirse, ir al baño y comer solos, tomar en vaso, colaborar con las tareas de la casa (poner la mesa, ordenar, etc.) dormir en su propia cama.

Muchas veces a los adultos nos cuesta esperar a que los niños hagan uso de su autonomía, más cuando pensamos que hasta hace muy poco dependían completamente de nosotros. Sin embargo es importante ir acompañando el crecimiento de los niños esperando, no anticipando, las conductas más sencillas y cotidianas.

Los niños desean crecer y les encanta demostrar que pueden, pero para ello necesitan de un adulto que:

•  Lo incentive a que lo intente

•  Le dé la oportunidad de experimentar

•  Le permita equivocarse y fallar

•  Le brinde el tiempo que necesite

Algunos consejos podrían ser:

•  Ofrecerle al niño alternativas para que elija, que comience a tomar decisiones.

•  Reconocerle el esfuerzo cuando se enfrenta a dificultades

•  más que darle respuestas ayudarlo a pensar, preguntarle qué piensa él.

En definitiva, estimulando su autonomía favorecemos la seguridad en sí mismo, la aceptación de normas, el manejo de la frustración, la responsabilidad y un crecimiento pleno y con alegría.

 

   
Bulevard Artigas 4365 - TelFax 203 3244* - C.P. 11800 - Montevideo - Uruguay